jueves, 15 de diciembre de 2011

Movimiento indignado... ¿Qué lo hace importante?




¿Qué es lo verdaderamente importante, el hecho o la noticia?
En mi opinión lo importante es el hecho. La noticia no es en si más que un reflejo más o menos fiel de la realidad, cuando no una franca distorsión malintencionada de la misma.
El hecho es que una parte de la ciudadanía en muchos países del mundo decidió expresar con palabras y hechos su disconformidad y descontento con la actuación de los poderes e instituciones, públicos y privados, que rigen el mundo.
La ciudadanía recuperó las plazas como espacios de diálogo publico; decidió tomar la palabra para expresarse por si misma, sin intermediarios.
El reflejo de la realidad en las noticias no hace más relevante la realidad, solo más conocida por muchos ciudadanos ¿No es esa la obligación y la finalidad del llamado cuarto poder...?¿No es la misma justificación de sus existencia...?
Los poderes políticos, económicos, financieros y los sistemas de gobierno se han convertido en centro de atención y discusión publica por sus controvertidas actuaciones.
El día en que los seres humanos dejemos de someter a crítica nuestro pensamiento, el actuar individual, el de nuestros gobernantes o nuestros referentes morales será porque el mundo será perfecto o porque un ignominioso silencio habrá devorado a la libertad de pensamiento.
El largo y clamoroso silencio publico me ha parecido siempre un síntoma preocupante en un mundo manifiestamente imperfecto.
El silencio de ciudadanos y medios ante realidades que rompen todos los principios morales, que como seres humanos manifestamos defender, pone tanto o más en entredicho las bondades de la naturaleza humana que los propios hechos que los hacen visibles.
El contrato social, entendido como contrato no escrito entre el estado y la ciudadanía, que trae paz a la convivencia, queda en entredicho cuando alguna de las partes coarta la libertad de expresión publica de la otra.
Es tiempo de recuperar el ágora pública como espacio de discusión permanente, como garantía de la ciudadanía ante los poderes establecidos.
Es tiempo del despertar del espíritu crítico. La conformidad incondicional o el silencio cómplice ante los desmanes de los poderes establecidos no es una opción sana en ninguna sociedad.

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