viernes, 26 de abril de 2013

Desde la memoria... Sobre la llamada primavera árabe


Sinceramente estoy a menudo demasiado implicado en la realidad de los hechos presentes para pararme a escribir, a tomar imágenes. Es tiempo de hechos, y a ellos concedo la prioridad. El momento me reclama, es exigente, ineludible... Pero, volvamos la vista atrás para recordar pensamientos y palabras de tiempos aun recientes, que todavía conservan el calor de lo vivo en eterna evolución.

Traigo aqui un artículo que publiqué en los blogs de un periódico colombiano de ámbito nacional, espero que les guste a quienes con intención o por accidente vengan a parar aquí en sus búsquedas en la red.

Espero que disfruteis del contenido, un simple pesamiento improvisado en voz alta 

La fe de un descreido. Dar un voto de confianza al ser humano

No soy persona religiosa, en ningún sentido de la palabra, aunque he sido educado en la fe cristiana como tantos en occidente, pero la naturaleza del ser humano está en la esencia de todos nosotros. Bajo distintos modos de pensamiento o creencias somos en esencia humanos, eso nos une, eso compartimos.

En occidente... ¿Como vemos y sentimos la democracia ? Solo puedo hablar por mi mismo. No concibo la hipocresía de poner el interés personal o colectivo por delante de los principios y seguir presumiendo de ellos como si la contradicción no existiese. No cabe la tibieza al elegir entre un dictador que mata para conservar el control del poder político arbitrario y la voluntad de un pueblo que desea controlar su destino. Solo es deseable, eso si, que la reflexión y la cordura los lleve por el buen camino.

Si he de valorar que puede salir de un intento de democracia en los países árabes, aunque tenga una duda razonable sobre la posible resultante, no puedo ni quiero defender por interés personal o nacional o miedo a la resultante a un dictador frente a una multitud que pide libertad de decidir, pensar, expresarse, vivir...
¿No quiero acaso esa libertad para mi, incluso la de equivocarme y rectificar...? Me siento más ciudadano del mundo, miembro de la humanidad, que "patriotero nacionalista" de un país, de un continente... Soy antes miembro de la especie humana que ciudadano de un país o una comunidad supranacional. Soy antes humano que religioso, agnóstico, ateo o cualquier otra elección personal.
Los ciudadanos de los países árabes merecen nuestro apoyo, sin tibiezas. Ser demócrata no deja lugar a desear más un dictador "seguro" y "manejable" que una ciudadanía libre tal vez "imprevisible" en sus elecciones. Tu, como yo, como ellos somos pétalos de esa flor entre las ruedas dentadas de las ideologias, de las creencias, de los poderes de los estados. Respeta al ser humano y respetaras su deseo de libertad. La suma crea estado o creencia, la voluntad y la convicción nos une más que la estructura formal. El estado es una cáscara vacía sembrada de letras y palabras vacias sin ti, sin él.
La esencia de la humanidad, lo que nos une, es una flor frágil y en ella se cruzan nuestros caminos, se unen nuestros pensamientos, nuestros sueños. Somos es plural en diversidad y respeto, sin imposiciones.
En el viaje hacia nuestro interior deberíamos encontrar lo que nos une y limar la aspereza de la intolerancia a la diferencia superficial. Solo a la esencia, el respeto a la libertad, a la vida y a la expresión del pensamiento sin cortapisas deberíamos limitar cualquier debate.
Mi pensamiento no es cerrado, está vivo, evoluciona. Escribo con el corazón tanto como con la cabeza, improviso y corro el riesgo de cometer errores, espero de ti la misma tolerancia que te otorgo. Si me lees, me comentas, piensas conmigo en voz alta, sin guión previo, con la mente abierta de par en par.

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