sábado, 18 de mayo de 2013

Desde la memoria: El espectáculo nos devuelve la cordura y nos roba el alma




"En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario": George Orwell


Traigo aqui unas letras que publiqué en los blogs de un periódico colombiano de ámbito nacional, espero que les guste a quienes con intención o por accidente vengan a parar aquí en sus búsquedas en la red.


El espectáculo nos devuelve la cordura desde la ficción, mientras la realidad nos roba el alma

El pensamiento y el comportamiento humano, vistos a través de los prismas de la razón, la pasión, la moral y otros juegos engañosos, siempre han llamado poderosamente mi atención. Soy un observador incansable de la naturaleza humana y sus delirantes autoengaños.

Llamaba mi atención recientemente un hecho dramático, poco importa cual, es lo de menos para lo que quiero exponer. El caso es que se convirtió en noticia de portadas, no tanto por su propia naturaleza dramática, como por las reacciones que despertó (las esperadas). Es frustrante, desconcertante, aunque no sorprendente, la comparación con la realidad cotidiana en la que ¡¡¡Oh milagro!!! se ven reacciones completamente contrarias ante hechos similares o distintos, pero igualmente graves y dramáticos.

Definitivamente la mente humana es un milagro de equilibrio desquiciado entre las múltiples y variadas fuerzas que regulan nuestro comportamiento. La cordura no es un milagro, es un compromiso, una mentira para los más parciales, el doblepensar puro y duro para las mentes más lúcidas que se autoexploran hasta la locura, sin cerrar los ojos ante el vértigo que produce mirar al abismo.

Lloramos escandalosas lágrimas de cocodrilo cuando un astronauta está en peligro, movemos ingentes recursos humanos y materiales solo para salvar su vida. Nuestras emociones recorren una emocionante y lacrimógena montaña rusa, nuestros titánicos esfuerzos mentales y materiales remueven montañas y las elevan a los cielos... En el desenlace vertemos mares de lágrimas con gesto compungido o cantamos entre sonrisas y lágrimas gloriosos aleluyas...

Mientras, a nuestros pies, aquellos de nuestros semejantes que pisamos cada día con nuestras conductas individuales o sociales (a través de las políticas que votamos o toleramos) lloran lágrimas de sangre hasta desfallecer de hambre, frió, sed, desesperación o miedo sin despertar apenas nuestra atención... Son la realidad cotidiana, nuestra indiferencia y/o pasividad también.

Cuando acaba el espectáculo nos paraliza el miedo, los héroes viven en las películas, en los artículos de prensa y ellos hacen cosas especiales, fuera de nuestro alcance..., casi sobrehumanas.

Efectivamente, entre el espectáculo y la realidad de piedra elegimos sobrevivir indignamente en una mentira que nadie verá, nadie nombrará... La realidad vive tras un muro de silencio ignominioso. El doblepesar nos otorga la cordura y con ella la vida que nos avergüenza hasta la muerte.

Los lobos de las sombras que nos gobiernan saben por que guardan silencio los corderos... No vemos lo que no queremos ver, aunque nos cueste la vida mantener el engaño.

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