miércoles, 22 de enero de 2014

Economía: Humo sin fuego en una pompa de jabón

Creer que la economía es el espejo que nos permite mirar de frente la vida sin convertirnos en piedra es la falsedad cotidiana de estos tiempos en los que la falta de originalidad es el castigo de lo que una vez se llamó séptimo arte. Nosotros, con nuestras mentiras cotidianas, somos el basilisco.

La claridad mental es un castigo en estos tiempos bárbaros en los que una nueva edad media recién nacida ha crecido a ojos vista entre la media noche y el amanecer de cada nuevo día.

Desde A Coruña - Galicia (España), para cualquiera que siga este espacio en texto, voz o vídeo desde cualquier lugar del mundo...

Cuando la pantalla de la economía y la falsa imagen de la realidad que nos suministran los medios de comunicación se derrumban, no podemos negar, aunque lo hacemos por miedo, que nuestros sueños eran una mentira apenas contenida por las paredes de una pompa de jabón.

Los malabaristas del poder político y económico han hecho realidad de sus sueños mas salvajes, su euforia de libertad nos ha costado la nuestra, su riqueza nuestra pobreza, su despilfarro y sus mentiras, sangre, sudor y lagrimas. La esperanza se ha perdido.

La moral se ha vestido de fiesta en este carnaval de sangre en el que los fingidos descubrimientos se tapan con indignación sin destino, justicia fingida y verdades que a nada conducen porque los hechos no cambian. Cada día es igual que el anterior en esta sala de espera de una "normalidad" que se resiste a vivir en este hospital de última oportunidad.

La moral y la democracia están servidas para los convidados de piedra que somos en esta fiesta... Mañana, para comer, brotes verdes y promesas. 

¡Es hora de despertar!

La claridad mental de la colectividad es fruto de la reflexión de los individuos, del diálogo abierto y el paso del tiempo. Todos los caminos se abren dando un primer paso y yo procuro cada día abrir camino en la medida de mis posibilidades.

En la arena de este circo nos veremos, detrás de la cámara, con el bolígrafo en la mano, estaré como testigo cuando las circunstancias lo permitan, pero no esperes de mi solo la simple observación, a menudo estaré en la procesión y tocando las campanas...

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