sábado, 19 de abril de 2014

Preferentes y subordinadas, paro, sanidad, educación, hambre, corrupción... La realidad vive en los barrios, son tiempos de actos.

La impotencia de quienes sufren y la de aquellos que lo ven y pretenden cambiar la situación siempre ha estado ahí desde que tengo memoria. La mal llamada crisis, el tiempo de la sangre bajo las garras de las aves de rapiña, el tiempo de la desvergüenza. Este es nuestro tiempo. Tiempo de actos y no solo de palabras.

Desde A Coruña - Galicia (España), para cualquiera que siga este espacio en texto, voz o vídeo desde cualquier lugar del mundo...

Hoy quiero escribir acerca de la difícil tarea de quien lucha por cambiar el mundo, desde los múltiples frentes, todos ellos loables, pero no siempre útiles en igual medida. Quienes sufren deberían ser siempre los primeros implicados, luego quienes son conscientes, después todo ciudadano que se respete... ¿Es así? Rotundamente no.

Esto es así por diversas causas sobre las que yo, como tantos otros, he reflexionado, pero difícilmente puedo pretender abarcarlas en un único escrito. Tampoco lo pretendo.

La pobreza, la desatención,... y tantas otras situaciones de desastre no son una cuestión únicamente de dinero, aunque en nuestra sociedad parezca ser la medida de todas las cosas. La implicación personal en hechos, gestos, expresión publica de opinión o de información relevante...

¿A qué viene todo esto...? Es muy sencillo, suelo leer a menudo las columnas del Sr. Onega, tibias por lo general para los tiempos que corren, no son tiempos de moderación. Hoy he visto su columna sobre un caso de las participaciones preferentes, interesante, bien enfocado, pero esto ya no me basta luego de un par de años de lucha en la calle por la misma materia...

La chica de las preferentes por Fernando Onega

Durante mucho tiempo he visto pasar gente delante de las protestas, primero con gesto huraño fiando sus opiniones a la información y opiniones de los columnistas de la colorida prensa española, luego he visto la comprensión tímida, por fin el amplio apoyo "moral" y las caras de simpatía... Jamás he visto quien llegue más allá. Lo mismo ocurre con causas sociales menos "cuantificables".

¿Tanto ha desertizado nuestro espíritu social la dictadura? ¿Tanto lo ha conseguido el "bienestar"?... El tiempo dirá hasta donde hemos llegado y que se puede recuperar de nuestra humanidad. Al tema:

Sr. Onega, no son tiempos para hablar de las cosas, ni siquiera de mero apoyo económico o moral, son tiempos de actos. No son tiempos de misas y sobres del domund. Son tiempos en que lo social sangra, y toda la sangre es roja, incluso la que se llora.

Si colectivos que vivían antes de la "crisis" con un "cierto desahogo" económico sufren lo indecible, imagínese que será lo que pasa con los que ya estaban en precario. ¿Cree Ud. que con las simples palabras basta? Yo no.

Creo que a veces tengo que dejar de reflejar lo que ocurre en imágenes y/o palabras para actuar, incluso en lo que no me afecta personalmente, llegando en ocasiones al enfrentamiento que sigue a lo infructuoso que resulta negociar con gentes que han perdido lo que de humanidad tuvieron, sumergiéndose en las "nobles" y "legales" reglas de un sistema depredador por naturaleza.

No siempre se puede estar en la procesión y tocando las campanas, pero al menos un día a la semana procuro hacer un milagro, abarcar ambos frentes, sin concesiones al cansancio o la afonía que no producen las simples letras en un papel impresas por una rotativa. Las lágrimas de sangre apenas comienzan... Solo pueden seguirlas la desolación, el desastre, la violencia o la guerra. A la historia me remito.



La claridad mental de la colectividad es fruto de la reflexión de los individuos, del diálogo abierto y el paso del tiempo. Todos los caminos se abren dando un primer paso y yo procuro cada día abrir camino en la medida de mis posibilidades.

En la arena de este circo nos veremos, detrás de la cámara, con el bolígrafo en la mano, estaré como testigo cuando las circunstancias lo permitan, pero no esperes de mi solo la simple observación, a menudo estaré en la procesión y tocando las campanas...

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