lunes, 23 de junio de 2014

Salsa para tiburones

Sobre el papel real de la política en el ámbito laboral de los partidos que han asumido el neoliberalismo como forma de gobierno de todo y de todos. Sobre la cultura del esfuerzo, los productores y los "recolectores" del más variado pelaje. Algo se ha perdido al desnaturalizar las relaciones sociales, laborales, políticas,...

Desde A Coruña - Galicia (España), para cualquiera que siga este espacio en texto, voz o vídeo desde cualquier lugar del mundo...

La cultura del esfuerzo, asociada a la satisfacción de las necesidades básicas y las necesidades de la vida en sociedad ha perdido fuerza.  Ese impulso en positivo ha cambiado de polaridad, manda únicamente la amenaza de la pérdida del estatus social, y con el la cobertura de las necesidades más elementales que ha asentado el neoliberalismo.


Bajo el neoliberalismo los Derechos Humanos están condenados a la utopía, ya no existen los derechos como tales en ningún ámbito, están supeditados a la "rentabilidad" y por lo tanto han dejado de ser tales para ser "graciosas concesiones" del poder económico de la mano de los políticos y jueces que, a través de las instituciones, lavan la cara a sus abusos y arbitrariedades.

En este contexto, en este tiempo y "forma de vida", la política y el sindicalismo institucionalizados solo pueden desempeñar un papel: Legitimar las nuevas reglas de juego y ejercer de mediáticos y legales cabos de varas al servicio del poder económico. Por eso es necesario para el poder económico anular la independencia del poder judicial desde la política previamente comprada a precio de estatus social y económico y jubilación dorada.

La suerte está echada, la función moderadora y redistributiva de riqueza del poder político, la administración pública y el poder judicial (ese salvador ultimo, el recurso siempre indeseable y salomónico que queda cuando la razón ha perdido la batalla) en el ámbito laboral se ha perdido. El papel de todos ellos, conforme pierden gradualmente su independencia del poder económico, ha cambiado...

¿No crees que es tiempo de reflexionar, tomar decisiones y emprender acciones como individuo y como  miembro de la sociedad, antes de que el concepto de soberanía popular pase de la utopía  próxima, siempre casi alcanzable, a misión imposible...?

Solo cabe la lucha social, la lucha de clases (ese viejo concepto de tiempos pretéritos, si no te gusta busca otras palabra, pero no los razonamientos), la batalla de los eternos perdedores de sus derechos, por cambiar el lenguaje, los conceptos, las concepciones de la vida, para romper con el análisis social viciado por todos los poderes confabulados contra aquellos a quienes supuestamente sirven, a aquellos que, sobre el papel, son todavía sus soberanos.

En este contexto, en esta situación, en este tiempo de brújulas desviadas por un imán intruso y furtivo, la cultura del esfuerzo, ese motor del progreso social e individual ha cambiado... El motor ya no sirve a quien lo nutre de fuerzas, si no a quien maneja sus controles desde la cultura del recolector despiadado y furtivo, violento cuando su sed desmedida lo exige.

En una cultura laboral donde la función social ha perdido todo su peso, la cultura del esfuerzo con recompensa solo puede servir de aderezo político para los devoradores, y los poderes político y judicial convierten la cultura del esfuerzo en simple salsa para tiburones devoradores de hombres.

En esta distopía monstruosa cada cual es Sísifo o Hermes, y la sociedad solo se organiza como carne de trabajo esclavo, cabo de varas o verdugo según el papel que cada cual tome, servil o rebelde frente al verdadero poder, el que convierte el logro en algo lejano y ajeno al esfuerzo que lo crea construyendo el orden desde el caos.

Nada nuevo bajo el sol, solo nosotros no somos los mismos. Hemos descubierto el armagedon instaurado por el arma definitiva, la poderosa división social inducida e institucionalizada en el ocaso del estado social y democrático de derecho, esa utopía en fuga como la social democracia que le dio la vida.

La claridad mental de la colectividad es fruto de la reflexión de los individuos, del diálogo abierto y el paso del tiempo. Todos los caminos se abren dando un primer paso y yo procuro cada día abrir camino en la medida de mis posibilidades.

En la arena de este circo nos veremos, detrás de la cámara, con el bolígrafo en la mano, estaré como testigo cuando las circunstancias lo permitan, pero no esperes de mi solo la simple observación, a menudo estaré en la procesión y tocando las campanas...

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